ELENA GARICANO - COUNTING CLOUDS
En WASACS lanzamos una nueva entrega de UN CAFÉ CON… Este mes hablamos alrededor de un café con alguien a quien teníamos muchas ganas de entrevistar. Alguien que crea prendas con una delicadeza y un mimo fuera de lo común, tienes la impresión de que sus creaciones han formado parte de tu vida en otra vida, es como reencontrarte contigo misma. Sencillamente culta, detrás de esa timidez se esconden toneladas de sabiduría, conocimiento y curiosidad. Y, como todas las mujeres que por aquí pasan, un día decidió cambiar el rumbo de su vida.
Hablamos con Elena Garicano de @Counting Clouds.
Nos encontramos en su casa, cuartel general de Counting Clouds. Un piso antiguo magníficamente reformado (por ella misma), donde la luz y la pureza de los elementos te hipnotizan. Si a esto le añadimos la decoración, el juego de paredes y huecos, las maderas y la terraza tenemos, sin lugar a duda, el escondite perfecto para crear, para soñar, para diseñar cosas tan bonitas como las que hace.

Hola Elena, millones de gracias por recibirnos en tu casa, no tengo palabras, ¡qué luz! ¡qué ideal todo! Cada rincón desprende tanto gusto, tanto arte, ¡nos encanta!
¡Gracias y bienvenida!, sí la verdad, tuvimos mucha suerte al encontrarla, fue un flechazo, enseguida vi las posibilidades. Desde aquí trabajo muy a gusto, lo que veo es muy yo y me da la paz necesaria para crear y diseñar.
Elena, vamos a empezar por el principio, ¿qué te llevó a crear Counting Clouds?
Pues en realidad yo estudié arquitectura (risas) así que ¡nada que ver! Después de la carrera, empecé a trabajar en lo mío, estuve en un estudio, trabajé en Dublín, lo tenía todo encaminado. Pero llegaron mis hijas, se juntó con un despido y la verdad, siempre había soñado con la idea de hacer algo yo, algo mío, así que me lancé. Sabía, además, que al haber estudiado arquitectura contaba con una solidez grande, esta carrera es un poco como ser muy hombre del renacimiento tienes que saber de todo, desde recrear maquetas, hasta dibujar a personas, somos perfiles muy completos con una gran capacidad de trabajo. Me tiré a la piscina siguiendo algo que siempre me gustó, la moda y el diseño, me formé gracias a la casita de Wendy lo completé con un máster en diseño gráfico y así, sin pensarlo mucho, sin ningún trabajo previo, sin ningún estudio de mercado, nació Counting Clouds.

¿De qué te diste cuenta?
Descubrí que este mundo me gustaba, que, aunque era una carrera de fondo, iba encontrando mi sitio, me iba centrando en el producto y en mi cliente, y poco a poco las cosas empezaban a funcionar. Al principio salí con ropa de niño, también mujer, con telas con estampados propios, punto y complementos, era mucho, muchos frentes, vi muy pronto que había que centrarse. Me concentré en lo que mejor se vendía, que era sin dudarlo, punto de mujer que es lo que además a mi más me gustaba. Además, también me di cuenta de que no existían marcas de punto de calidad en un precio intermedio existían marcas muy exclusivas o marcas muy lowcost. Así que decidí que ese iba a ser mi territorio.

¿La competencia te hizo reflexionar?
Reconozco que al lanzar mi marca no miré a nadie, empecé a mi ritmo, con lo que me gustaba. Más adelante sí, me fui fijando, viendo, investigando. Te diré que para mí la competencia tiene su cara y cruz. Por un lado, es buenísima pues te hace mejorar, te hace estar al día, no perder el foco y mantenerte en permanente estado de reinvención. Sin embargo, la cruz es creerte lo que se ve desde el exterior, piensas que todo les va mejor, que todo es fenomenal, que todo son éxitos y puede aturdirte. Hay que mirarlo desde una óptica aséptica sin obcecarte en lo que cuentan y en lo que no se cuenta.
¿Cuándo creaste Counting Clouds qué querías conseguir?
Quería conseguir estar en ese nicho intermedio del que te hablada antes, fabricando siempre en España, produciendo en talleres locales. Por otro lado, tenía claro que el material tenía que ser de una calidad indiscutible y además seguir el reto de investigar materiales nuevos, más sostenibles e innovadores, pero siempre bajo las premisas de calidad y el precio para seguir defendiendo mi nicho y a mis clientas. A nivel personal quería seguir avanzando, seguir superándome, teniendo algo mío sin responder ante nadie y diseñar lo que yo quisiera. Ahora no sé si podría trabajar ya por cuenta ajena.
¿Alguien que te ayudó en esta aventura?
A mis padres les costó, y me decían no te olvides del mundo de la arquitectura (risas), pero todo el mundo me decía inténtalo, tienes que intentarlo y recibí apoyo de todos, familia, amigos,… Sí me gustaría nombrar a alguien muy especial, que es mi fotógrafa, Marta Machín. Nos conocíamos de la carrera y teníamos amigos comunes, hizo la primera sesión de fotos de Counting Clouds, y hasta hoy. Es mi alter ego, no hay semana que no hablemos, emprendimos casi a la par y eso une mucho. La verdad es que no puedo tener más suerte, compartimos cerebro, no hace falta decirle nada, la compenetración es total. Además, sobra decir lo importantes que son las fotos cuando vendes online, es muy importante tener “esa” sensibilidad. Y, por otro lado, La casita de Wendy fue fundamental, me ayudó muchísimo a entender el oficio, me enseñaron un montón de cosas a nivel de diseño y por supuesto, Networking y proveedores, que cuando empiezas estás muy perdido y todo te parece un mundo.

¿Algún punto de inflexión en tu negocio?
No ha habido un punto de inflexión como tal, el crecimiento ha sido poco a poco. Pero sí recuerdo el año 2019 como un punto en el cual o tiraba para arriba o lo dejaba. Llevaba algo menos de dos años y sentía que no acababa de arrancar. Así que me dije, en esta colección de invierno voy a por todas, con todo, si no sale lo dejo y hago otra cosa. Por lo menos lo iba a intentar. Así que diseñé la colección, realicé preventa (algo ahora normal pero que antes nadie hacía) arriesgué con básicos y ¡funcionó súper bien, fue un pelotazo! A partir de ahí, empecé a organizar todo mucho mejor, las colecciones, los números, la rentabilidad,… Pasó de ser un hobby a un trabajo con mayúsculas.
¿Cuál es tu visión sobre el negocio?
Me gusta la idea de que una marca sea más que el producto que venden, quiero pensar que es una comunidad en la que se comparten gustos, aficiones, ideas,… Al principio no lo veía así, pero ahora me encanta. El hecho de pensar que alguien recomiende una peli o un libro y que se cree un hilo de gente real que contesta, opina y recomienda, me encanta. Estoy segura de que si se tomasen un café se llevarían bien. Me gusta el conectar con gente real, siendo transparente y el compartir cosas que me gustan. Y sobre todo, que al comprar una prenda compren algo más que un mero producto.
¿Cuál es el balance después de todos estos años? Ya 7 años...
El balance es siempre positivo. Este aprendizaje no te lo da nada en la vida. Es un nivel de aprendizaje constante personal y profesional brutal, tanto que un año de un emprendedor equivale a cuatro trabajando por cuenta ajena. Nunca puedes desconectar, nunca. Pero al mismo tiempo, el balance no puede ser más positivo. En mi caso, me gusta lo que enseño a mis hijas, a luchar, a trabajar, que nadie te regala nada, y además ven el esfuerzo y la dedicación que hay detrás.

¿Cuál es el consejo que darías a alguien que no se atreve a lanzarse?
Pues les diría dos cosas, la primera que no lo hagan sin pensar como yo (risas) y también otra cosa muy importante: fuera el perfeccionismo porque se aprende sobre la marcha, pero hay que moverse. Cuidado con la inacción por la perfección. Les diría que siempre hay que tener un plan, un plan financiero básico, ver si es viable lo que quieres hacer, ver cuánto puedes llegar a producir,… Ahora lo veo y me digo ¡cómo pudo salirme bien! (risas), porque, aunque siempre puedes corregir por el camino debes tener un plan y decirte la verdad. Tener en cuenta que lo más importante es el producto, el producto tiene que ser muy muy bueno. Fórmate y que te encante lo que sea que vayas a emprender, te tiene que apasionar, uno no se hace emprendedor para hacerse rico, sino porque lo que haces te apasiona.
Y, por último, ¿que WASACS te representaría?
Sin dudarlo el Manon color tabaco, la verdad, es que me cayó como regalo de Navidad, no tenía ni idea siempre lo tenía guardado en favoritos y mi marido me dió la gran sorpresa y me lo regaló. Me gusta mucho, es elegante, original y práctico. Es un bolso pequeño, pero que tiene una capacidad grande y me cabe todo lo que llevo normalmente en el bolso. Además, cuando te lo pones le das una vuelta a tu look que me encanta el resultado.
Elena, millones de gracias por este café tan rico en un sitio tan especial como este, ha sido un placer hablar contigo y nos llevamos muchos aprendizajes. Enhorabuena por tu proyecto y a seguir cosechando éxitos.
A ti Cristina, ha sido un placer recibirte.


